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    Té blanco

    El té blanco es uno de los tés más discretos. Nace de brotes jóvenes recogidos a mano, secados con mesura, sin añadir casi nada al gesto de la naturaleza. En Hollin, el té blanco es una lectura del tiempo: la hoja permanece casi entera, el licor es claro, el aroma se intuye más de lo que se impone. Es un té que pide escuchar - una infusión lenta, un agua suavizada, una taza posada sin ruido. Los tés blancos de la casa proceden de jardines donde la mano conserva el protagonismo. En ellos se encuentran la suavidad del vello, una discreta nota de miel, a veces la redondez de una fruta clara. Nada se añade, nada se fuerza. Para beber en calma, en un momento de retiro, cuando el gesto importa más que la cantidad. Una manera de recobrar, a través de la hoja, una atención prolongada y justa.

    Por qué esta selección

    El té blanco exige un rigor particular: una transformación mínima deja poco margen para la corrección. Trabajamos con jardines donde la recolección sigue siendo manual, donde el secado sigue el ritmo del aire. Se seleccionan los lotes que conservan la integridad del brote, sin el amargor heredado de un reposo demasiado breve. La casa ve en ello una forma de mesura que se le asemeja.

    La colección

    Preparación y degustación

    Un agua suavizada calentada a 70-80 °C. Cuatro gramos de hojas por veinte centilitros, en un gaiwan o una tetera de porcelana clara. Infusiones largas, de dos a cuatro minutos, que pueden repetirse varias veces. El té blanco requiere lentitud; rechaza el agua hirviendo y el gesto apresurado.

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