
¿Por qué algunos tés revelan otra faceta en frío?
Cuando pensamos en el té, casi siempre imaginamos una taza humeante. Sin embargo, algunas hojas cuentan una historia diferente cuando se infusionan lentamente en agua fría. La infusión en frío no es una simple tendencia estival. Es otra forma de descubrir el té.
¿Por qué infusionar en frío?
A baja temperatura, las hojas liberan sus aromas más lentamente. Las notas vegetales se vuelven más suaves, el amargor se desvanece y aparece un ligero dulzor natural. La sensación en boca es más redonda, más fresca y especialmente agradable en verano. La infusión en frío también contiene menos cafeína que una infusión caliente, lo que la convierte en una alternativa ideal a lo largo del día.
¿Qué tés elegir?
No todos los tés reaccionan de la misma manera. En HOLLIN, recomendamos especialmente:
Los tés verdes
El Sencha, el Long Jing o los tés verdes con jazmín revelan una delicada frescura vegetal, con una textura más suave que en una infusión caliente. Sus notas florales y vegetales ganan en finura, mientras que el amargor disminuye de forma natural.
Los tés blancos
Los brotes de Aiguille Fine o las hojas de Fleur Blanche desarrollan un dulzor casi sedoso. Su expresión se vuelve más discreta, más etérea, dejando aparecer notas naturalmente dulces.
Los oolongs poco oxidados
Los tés como el Tie Guan Yin o nuestro Narcisse también son muy adecuados para la infusión en frío. Su textura se vuelve más ligera, las notas florales cobran amplitud y el final permanece especialmente limpio y refrescante.
¿Cómo preparar una infusión en frío?
Calcule aproximadamente entre 4 y 5 g de té por 500 ml de agua fría. Coloque las hojas en una jarra o una botella y déjelas infusionar entre 6 y 8 horas en el frigorífico. Filtre las hojas antes de degustar. No se necesita hielo: el té es naturalmente fresco y equilibrado.
Otra forma de descubrir el té
Un mismo té puede contar dos historias. La infusión caliente revela la profundidad, la estructura y los aromas más intensos. La infusión en frío privilegia la delicadeza, la frescura y el dulzor natural de las hojas. Según la estación, la hora del día o simplemente lo que le apetezca en ese momento, a veces basta con cambiar la temperatura del agua para redescubrir por completo un té.